Valleros, llenos de nostalgia

Valleros, llenos de nostalgia

Panamá, domingo 22 de julio de 2007 El Valle de Antón se ha convertido en un destino turístico importante en la provincia de Coclé. Los valleros añoran el mejor clima y la tranquilidad pueblerina de hace algunas décadas. LA PRENSA TURISTAS. Aunque aún continúa siendo uno de los sitios más visitados por los turistas, el lugar ha cambiado. Por ejemplo, sus costumbres y el clima ya no son los mismos.884632 Rafael Quezada Especial para La Prensa El Valle de Antón es un lugar seguro y de clima agradable, reza una frase ya célebre del padre José Noto, párroco por muchos años de este pueblo de la provincia de Coclé, quien recogió todas sus vivencias con la cultura vallera en el libro El museo de El Valle de Antón. Pero las impresiones del párroco podrían estar cambiando. Aunque para los visitantes locales y turistas extranjeros El Valle de Antón es un paraíso, para los lugareños no lo es tanto. “Ya el clima no es el mismo y la rutina de la vida ha cambiado “, comenta Iris Cano, propietaria y dependienta de una vieja abarrotería. El taburete, el tuco y el banquillo de madera en los que se sentaba la gente del campo que llegaba al pueblo con ganas de tomar un descanso acompañado de neblina ya han desaparecido. La gente común llegaba abrigada, con capote y apuradita para encontrar un puesto dentro de la parroquia del poblado. Aunque la tradición religiosa se mantiene, el frío parece que se está escapando. Es que antes, dicen, la temperatura bajaba hasta los 18 grados; hoy fácilmente alcanza los 27 ó 28 grados centígrados. La tranquilidad, por su parte, ha sido remplazada por el estruendo de los autobuses, el clamor de la gente reclamando un mejor trato a la naturaleza y por algunos individuos que amanecen en las calles después de una noche de licor. Antes, continúa Iris, los campesinos caminaban por horas entre las faldas del cerro de la India Dormida. A cuestas cargaban sus motetes y a caballo sus cosechas, y eran los primeros en llegar los domingos al mercado. Hoy, el calor llega desde las 9:00 de la mañana, cuando se inicia el ir y venir de las personas que se dirigen hacia la iglesia o hacia al mercado, en busca de verduras y vegetales frescos. Para los lugareños el pueblo ya no es tan tranquilo, no solo por la mayor cantidad de visitantes sino porque las comunidades han sido estremecidas por las corrientes de los ríos que se desbordan, y por los deslizamientos de tierra que a menudo ocurren, explica Rodolfo Meléndez, voluntario ambiental. “El modernismo y la construcción caminan a pasos agigantados en El Valle… Eso ha cambiado la forma de pensar y de actuar del vallero”, recalcó el ambientalista. Mitzi Hidalgo, por su parte, también extraña el mejor clima de antes. “Antes disfrutábamos de noches con 12 y 15 grados; eso ha pasado a la historia”, recalca. De niña, dice, fantaseaba con la idea de poder hacer gelatina sobre el techo de su casa sin necesidad de un refrigerador, pero la intención se ha desvanecido con el paso de los años. Para quienes se dedican a trabajar la tierra, las cosas también han cambiado. La actividad agrícola se ha reducido, afirma Ramón Sánchez, productor del área. Se siembran menos cosas y hay también menos tierras sembradas, agrega. Además, todo ahora es más caro. “Los altos costos de los productos y el cambio de la forma de vida han incidido mucho en todos estos cambios”, puntualiza.